Economía Familiar: Conocimientos Elementales Para Fundamentar Las Grandes Decisiones Financieras

La economía es una ciencia, pero también es un arte. Entre las diversas definiciones del término que nos proporciona el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el primero, que es el que más se adecúa a nuestro objetivo, hace referencia una “administración eficaz y razonable de los bienes”.

La economía doméstica aplica esta concepción a la dimensión más básica: un hogar. Las decisiones económicas de una casa suelen manejar importes más pequeños que los de una empresa o un estado, pero sus identificadores y características siguen siendo los mismos: toda unidad económica necesita ingresos, tiene gastos que deben ser planificados en función de sus ingresos, dispone de plazos para realizar las operaciones financieras (pagos, créditos, presupuestos, compras, etc.), trabaja la negociación con proveedores (servicios, personal, insumos), maneja stocks, necesita una organización de tareas, entre otros.

La economía doméstica ha intentado formar parte de la educación curricular, no como asignatura en concreto, sino como pequeños y aislados contenidos en algunas de las asignaturas. Hoy día se considera indispensable que un adulto joven conozca y maneje términos como débito, crédito, cuota, capital, impuestos, facturas, etc. Muchas personas adultas no saben ni siquiera leer una factura de electricidad o de gas y esta incapacidad deriva muchas veces en sobrecargos no reclamados en su facturación. En conclusión: manejar los términos de una economía hogareña elemental mejora las condiciones financieras personales y familiares, ayuda a reconocer los derechos propios ante las empresas prestadoras de servicios y permite, sobre todo, tomar mejores decisiones para el futuro.

Además del conocimiento, la economía doméstica o familiar necesita caminar junto a un elemento indispensable: la planificación. La elaboración de un presupuesto familiar escrito, disponible y accesible para sus miembros es indispensable para definir gastos y establecer objetivos de ahorro, gastos extraordinarios o alcanzar metas a largo plazo.

El Fondo de Emergencias

Establecer un fondo de emergencia es esencial para proporcionar una especie de “colchón financiero” que sustente las situaciones imprevistas sin tener que recurrir al crédito. Este es quizás uno de los fundamentos más difíciles de cumplir para poder establecer una economía familiar exitosa, ya que se estima que el colchón financiero debe estar compuesto por una cantidad que cubra entre 3 y 6 meses de gastos del presupuesto familiar. Afortunadamente los productos financieros de hoy día han evolucionado a tal punto que es posible conseguir préstamos online inmediatos sin nómina, sin avales, ni cuestionamientos, para poder hacer frente a esas situaciones imposibles de anticipar como averías de coche, averías o ruptura de electrodomésticos, emergencias dentales, etc.

La situación de desempleo también es una amenaza constante en una familia promedio. Un colchón de emergencias permite la tranquilidad de contar con un tiempo de gastos cubiertos mientras se solventa la situación de cesantía.

Técnicas de ahorro de energía, aprovechamiento y distribución de recursos, conocimientos básicos de electricidad, fontanería, puericultura y otras habilidades pueden enriquecer la sabiduría familiar para hacer frente a los gastos fijos y planificados y así poder sacar más partido de sus ingresos. Es necesario que los más jóvenes empiecen cuanto antes a tomar conciencia en el núcleo familiar sobre sus actos y sus posibilidades de colaboración. El entorno ideal sería contar con el apoyo de las instituciones educativas en materia de inclusión de temas concretos de economía familiar en sus contenidos curriculares, para así garantizar una cobertura total de los conocimientos y su aplicación en el entorno.